Caracterización de la Guerra Fría

guerra-fria BN Se suele definir la Guerra Fría como un conflicto no declarado que involucró a las dos principales potencias de la época, ya calificadas como superpotencias, los Estados Unidos de América y la URSS, en un continuo choque que no llegó a estallar como un enfrentamiento armado. El término, acuñado por Walter Lippmann en 1947, hace referencia precisamente a eso, a la previsión de que la guerra no iba a llegar en ningún momento a una situación ‹‹caliente››. En lo cronológico, desde este mismo año de 1947 hasta la caída de la URSS en 1991, tenemos cuarenta y tres años que abarcan demasiado. Lo militar, lo económico, lo cultural, lo artístico…en casi cualquier ámbito del devenir humano estos años contienen más cambios y puntos de inflexión que, según se mire, los doscientos anteriores, y todos ellos le deben más o menos a la Guerra Fría.

Otra de las características tan propias de la Guerra Fría y que viene a la cabeza de cualquiera al pensar en ella es la tensión. La tensión por la guerra, por la infiltración del enemigo, la tensión de las crisis económicas y sobre todo, la tensión nuclear. Porque si hay una sola característica definitoria en lo militar, es la omnipresencia amenazante y terrorífica de las armas nucleares.

Así, podemos ver que no nos situamos ante un conflicto cualquiera, con sus causas más o menos definidas y sus batallas localizadas. La Guerra Fría es ante todo, una era, un periodo. Dividiremos este periodo en tres ramas para poder caracterizarlo mejor.

En primer lugar, hablaremos de la guerra de las ideas. La Guerra Fría tiene como punto de partida la confrontación entre dos maneras históricas de ver el mundo y de pensarlo. El capitalismo de la libre empresa democrático de EEUU y sus aliados contra el comunismo del socialismo real de la URSS y los suyos. La Segunda Guerra Mundial había supuesto un alto el fuego para vencer al monstruo del nazismo, pero nunca se dejó de pensar, tanto en un bando como en otro, que el enemigo a batir una vez tomado Berlín era el actual aliado. Y así fue.

En la conferencia de Postdam los aliados se reparten el mundo de postguerra. Fuente.

En la conferencia de Postdam los aliados se reparten el mundo de postguerra. Fuente.

Para los EEUU, su modelo de democracia liberal occidental era el único válido para garantizar la libertad y el buen desarrollo del progreso en el mundo. El miedo a la perenne posibilidad de revueltas obreras y populares que tambalearan los pilares del sistema norteamericano fue una causa muy real para que se tomaran las decisiones que se tomaron, comenzando un proceso de hostilidad abierta con la URSS. Desde el discurso de W. Churchill en Florida, en el que estrenó el concepto de ‹‹Telón de Acero››, hasta los comienzos de la Doctrina Truman de oponerse en cualquier circunstancia y con cualquier medio a los intereses de la URSS, tenidos siempre por contrarios a los estadounidenses, los esfuerzos del Bloque Occidental iban dirigidos a vencer a los comunistas.

Estados Unidos dio el primer paso, pero en frente estaba Stalin, no caracterizado por su tranquilidad y su ausencia de paranoia precisamente. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el principal interés de Stalin y su obsesión era crear un cordón sanitario de Estados afines a la URSS que se opusieran a un posible renacimiento de Alemania y no abrieran las puertas a los ejércitos germanos como había sucedido en 1941. Era una cuestión de seguridad interna, pero nadie dijo nunca que estos regímenes debían ser Estados comunistas totalitarios o estar controlados de forma directa por la URSS; de hecho, al principio Stalin dio libertad para que se constituyeran gobiernos socialistas controlados por asociaciones políticas de tipo ‹‹frente-populista››.

Pero esta situación se fue alterando poco a poco cuando el panorama político internacional fue virando progresivamente hacia la tensión y desconfianza mutua. Si Alemania era integrada con el resto de Europa Occidental, que estaba protegida, armada y financiada por los Estados Unidos, entonces este cordón sanitario tenía que ser mucho más firme y duro.

Las circunstancias de dos sistemas políticos e ideológicos enfrentados en un escenario tan complicado como el de la desolada Europa de postguerra, y todo ello caldeado por la proliferación de armas nucleares, supusieron un camino sin retorno hacia el conflicto. Esta situación se mantuvo más o menos inalterada, aun pasando por los momentos de distensión de finales de los años sesenta; hasta que Gorbachov propició un acercamiento real y mostró lo que debería haber sido evidente para unos y para otros. Nadie quería la guerra.

La guerra económica podría considerarse el pilar central alrededor del que gravita todo el resto del conflicto. La más importante y principal diferencia entre los regímenes occidentales y los comunistas era la propiedad de los medios de producción (sin contar con la democracia que sostenían países occidentales como los Estados Unidos, sin corresponderse con su política exterior).

El sistema capitalista se basa en el reconocimiento del beneficio privado y en la producción creciente de riqueza, en principio en manos de unos cuantos industriales y empresarios, pero que acaba revirtiendo a la nación por los salarios y por la, más o menos, intervención redistributiva del Estado. El sistema de libre empresa tiene un amplio recorrido desde comienzos del siglo XIX, y a mediados del siglo XX es ya una colosal construcción que funciona perfectamente tras recibir modificaciones reguladoras para paliar o evitar las crisis periódicas de las que se ve afectado. Por el contrario, el sistema comunista se basa en la propiedad colectiva de los medios de producción, gestionados por el Estado, que se encarga de dirigir todo el conjunto de la economía, bien por directrices, bien mediante rígidos planes económicos periódicos.

Pero si en algo se notó la política económica de las dos potencias fue en la acción sobre sus aliados. En 1947 arrancaba el Plan Marshall, que consistía en préstamos a bajísimo interés por parte del gobierno de los Estados Unidos a los arrasados Estados europeos con total libertad para reinvertir el dinero en construcción, saldar sus préstamos o dirigirlos a paliar el hambre y la enfermedad. Alrededor de 13.000 millones de dólares fueron enviados a Europa de este modo, y es indudable que toda esta inyección de capitales aceleró la recuperación y estableció unos lazos entre el Viejo Continente y el Nuevo, muy difíciles de romper. Supone además, los principios de regeneración sobre los que se asienta la Comunidad Económica Europea y posterior UE.

Cartel de propaganda del Plan Marshall. Fuente.

Cartel de propaganda del Plan Marshall. Fuente.

Por el contrario se calcula que más o menos el mismo número de millones de dólares fueron extraídos de los países de Europa del Este por la URSS en calidad de reparaciones y deudas. La URSS ordenó a los países al este de Alemania y Austria a rechazar las ayudas del Plan Marshall que se les ofrecieron por temor (posiblemente no infundado) a una infiltración capitalista. En su lugar constituyó una cámara de comercio internacional, el COME-CAMECON, que funcionaría para facilitar los intercambios comerciales entre los países comunistas y construir una mejor cooperación. En la práctica sirvió para que Rusia comerciara a precios beneficiosos para ella y pronto fue cayendo en el desuso.

Es muy importante recordar que el sistema capitalista tiene un antes y un después en el año clave de 1971. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y hasta esta fecha el sistema de cambio de divisas y el valor de las mismas había sido regido por los llamados Acuerdos de Bretton Woods, que aunque se basaban en el dólar, aseguraban el libre retorno de estos dólares y otras monedas y garantizaban un sistema estable y no afín a grandes especulaciones. En 1971 el presidente Nixon anuncia el fin de la convertibilidad del dólar y destruye los acuerdos de Bretton Woods, por lo que la economía capitalista pasa a basarse en un sistema sin regulación de intercambio de divisas  que permiten a EEUU comerciar con miles de millones de dólares sin respaldo. Alemania ofreció a la CEE el Banco de Frankfurt para gestionar una economía europea fuerte. Sería el antecedente del Banco Central Europeo.

Si en algo puede cuantificarse la caída de los países del bloque comunista, fue en su fracaso económico. Unos sistemas productivos basados en mercancías pesadas y no en la industria de consumo, conjugado con unas enormes deudas, unos gastos militares astronómicos (literalmente) y el endémico fallo de la agricultura de la URSS lastraron el desarrollo político de unas naciones que a finales de los ochenta ya no podían más.

Por último, la guerra de las armas es quizás, la imagen más recurrente en el imaginario colectivo para acercarnos a la Guerra Fría. Las imágenes de Vietnam, Afganistán, las interminables guerras africanas permanecen en nuestras memorias, aunque historiográficamente no sean calificadas más que como conflictos periféricos. El conflicto continuo entre las dos superpotencias estuvo a punto de estallar en un enfrentamiento armado debido a algunos de estos puntos calientes. La guerra civil griega, Berlín, Budapest, el canal de Suez… todos ellos son episodios que aunque tuvieron una importancia táctica e ideológica capital no llegaron a ser operaciones de guerra abierta. Sin embargo otros puntos sí que sufrieron conflictos que contaron con la intervención de una u otra superpotencia.

En primer lugar, Corea. La retirada japonesa dejó dos zonas de influencia en torno al paralelo 38. Estas zonas fueron respetadas hasta que los comunistas del norte invadieron el sur y sólo pudieron ser contenidos con la intervención de EEUU, contrarrestada por la entrada de China. La situación fue un continuo aprieta y afloja hasta que se llegó a un acuerdo de paz dejando la frontera en el mismo lugar que empezó.

El despliegue estadounidense en Vietnam supuso un importante quebradero para la economía del país. Fuente.

El despliegue estadounidense en Vietnam supuso un importante quebradero para la economía del país. Fuente.

En segundo lugar, Vietnam. Se trata de un conflicto colonial francés que se resolvió con unas elecciones cuyo resultado no fue aceptado por el sur del país. Ante la imposibilidad de resistir el empuje militar del norte solicitaron apoyo de EEUU que intervino por miedo a la llamada teoría del ‹‹dominó››, una delirante situación que suponía que la caída de un solo país en el comunismo empujaría a todos los de la zona a hacerlo. Estados Unidos cada vez se fue implicando más en un conflicto que no podía ganar, mientras sufría pérdidas atroces y ocasionaba aún más daño en la población y en el entorno. Finalmente se rindió y se retiró para que el gobierno del norte controlara todo el país.

Afganistán fue el Vietnam de la URSS, un conflicto de diez años en el que era fácil controlar las ciudades pero imposible el desierto, y que se convirtió en un pozo sin fondo para los recursos y los hombres del Ejército Rojo. Fue un absoluto fracaso y devolvió a su tierra a una generación de jóvenes sumidos en la drogadicción por efecto de las tácticas sucias de la CIA.

No podemos pasar sin hablar de las armas nucleares. Desde el estallido de las bombas de Nagashaki e Hiroshima quedó claro que las armas nucleares eran el fin de la guerra convencional. La carrera armamentística y la posibilidad, gracias a submarinos y bases lejanas, de devolver el golpe en caso de ataque nuclear, garantizaban la total destrucción del planeta en caso de inicio de las hostilidades. Esta certeza, junto con la proliferación de armas nucleares en terceros (Gran Bretaña, Francia, China, India, Pakistán e Israel), alertó del peligro y llevó a la firma de tratados que impedían el uso y desarrollo de este tipo de armas. De esta forma tan irónica, los mayores ingenios de destrucción fueron lo que impidieron el estallido total de la guerra.

Hemos tratado de caracterizar de forma muy somera, tratando sus principales características, la Guerra Fría. Como hemos intentado mostrar es una época sumamente compleja e interesante para el que la estudia. Si algo debemos retener en el mundo de hoy de lo que aprendemos al mirar hacia este periodo es el porqué de instituciones supranacionales como la OTAN o la UE y cuáles fueron las maneras de las potencias occidentales para vencer al comunismo, sobre todo en el tercer mundo.

La caída del Muro de Berlín escenifica el derrumbe de los estados comunistas. Fuente.

La caída del Muro de Berlín escenifica el derrumbe de los estados comunistas. Fuente.

Bibliografía|

FONTANA, J., “Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945″, Barcelona: Pasado&Presente, 2011.

JUDT, T., “Postguerra. Una Historia de Europa desde 1945″, Madrid: Taurus, 2006.

Redactor: Guillermo Rubio Martín

Editor de Historia Contemporánea. Licenciado en Historia por la universidad de Granada. Máster en Docencia. Intereses en historia contemporánea, historia de los conflictos e historia de la mujer en guerra. Asesor de género en operaciones.

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