Be boricua. Puerto Rico y su historia política (II): Del ELA a la actualidad.

Una vez que Muñoz Marín es investido como gobernador se inician las reformas destinadas a obtener más poder para la isla sin enfrentarse al establishment de Washington. Al mismo tiempo al gobierno federal le interesaba el nuevo estatus ya que eso reduciría la apariencia de colonia.

El primer paso es la elaboración de la Ley Pública 600, redactada a medias entre Antonio Fernós, comisionado residente del PPD, y Joseph O’Mahoney, senador demócrata de Wyoming, que fue firmada por el presidente Truman el 30 de julio de 1950.

Papeleta referéndum LP600. Fuente.

Papeleta referéndum LP600. Fuente.

La ley autoriza un referéndum que decidiría si se acepta o rechaza la potestad de darse una constitución para la isla dentro de los límites que dicha ley establece. Básicamente lo que la ley dispone es convertir la Ley Jones de 1917 en una ley de relaciones de los Estados Unidos con Puerto Rico, transformando pocas cosas de la ley de 1917: una ratificación plebiscitaria de las relaciones políticas, económicas y sociales existentes hasta entonces entre la isla y la metrópoli a cambio de una autonomía local que no va más allá de los asuntos de carácter interno que no revistieran importancia.

A pesar de esto, Muñoz Marín y el PPD proclamaban que la LP600 implicaba un cambio profundo en la naturaleza de la relación con los Estados Unidos. Este reclamo se basaba en la frase incluida en la ley que indicaba que la ley se adoptaría con el carácter de un “convenio” y al amparo del “principio de gobierno por consentimiento”. El PPD interpretó que estas frases significaban que los términos de la relación con EEUU, aunque se mantenían intactos en cuanto a su contenido concreto, se habían redefinido para significar que no eran el resultado del ejercicio de los poderes plenos que la Constitución concedía al Congreso sobre los territorios estadounidenses, sino condiciones acordadas y estipuladas mediante un pacto entre el Congreso y Puerto Rico.

Normalmente cuando se crea un estado, el Congreso aprueba la legislación que lo convierte en estado y lo acepta en la Unión. En el caso de Puerto Rico se aprueba la legislación pero no se admite en la Unión, se le ofrece un “convenio”, es decir, ya no es un territorio estadounidense pero no es ni estado ni república independiente y las leyes federales siguen teniendo aplicación.

A pesar de que el PPD tenía fuertes apoyos sociales en su propuesta de nuevo estatus, no todo el mundo vio con buenos ojos la nueva forma de gobierno. El descontento lo encabezará el P. Nacionalista, que denuncia la LP600, a la que considera una simple reforma del régimen colonial, y organiza una revuelta armada.

Como en anteriores ocasiones, la lucha será encabezada por Pedro Albizu Campos cuya estrategia era atacar instalaciones federales y resguardarse en el interior con el objetivo de provocar una crisis política en Puerto Rico y denunciar la LP600 ante la ONU por colonialista. La represión policial fue la esperada y morirán 25 personas y más de 1000 detenidos, lo que intimida el movimiento.

El cuatro de junio de 1951 se celebra el plebiscito para la aprobación del E.L.A. que resulta aprobado por el 75% de los votos (pese al 35% de abstención y el intento de boicot por parte del PIP) y tras los trámites en Washington, el 25/07/1952 el ELA queda definitivamente aprobado. La fecha no será casual puesto que ese mismo día, en 1898, las tropas estadounidenses habían atacado a las españolas.

Una vez aprobado el ELA, se iniciaron los debates en la Asamblea General de Naciones Unidas.  En dichos debates, EEUU presentó a Puerto Rico como territorio no colonial por lo que ya no era necesario seguir enviando los informes periódicos que sobre las regiones colonizadas tenían que enviar las potencias. Esta opinión era compartida por Muñoz Marín y Fernós (miembro de la delegación estadounidense) quienes se esforzaron por demostrar que la isla ya no era una colonia.

Finalmente, y a pesar de las reticencias de algunos miembros de la Asamblea como India o Yugoslavia, el 27/11/1953 la Asamblea General aprobó revelar a EEUU de la obligación de rendir informes sobre el progreso de Puerto Rico hacia el autogobierno, por lo que se dio por válido el ELA.

En términos generales se podría decir que existe hasta la década de 1970 un apoyo masivo  de la población al ELA ya que lo veían como una modernización y un crecimiento económico que no se ha producido. La insatisfacción generada en esta década (en parte motivada por la crisis económica) generó un movimiento estadista, no tanto independentista, que ven en una incorporación a la Unión la solución a los problemas sociales y económicos de la isla.

Pero volviendo a la década de 1960, se podría decir que ésta fue de estabilidad política, económica y social, debido en parte al buen hacer del PPD, dominante durante toda esta década. Una década en la que Puerto Rico, gracias al funcionamiento del ELA se introduce definitivamente en el sistema de vida suburbano estadounidense, lo que hace que mejore el nivel económico de la isla y por ende el nivel de vida de los ciudadanos. A esto hay que sumarle la superación de presiones coloniales como la imposición del inglés o la designación de gobernadores. Todo esto hace que los debates sobre colonialismo pasen a ser un tema menor, al mismo tiempo que Muñoz Marín y los suyos alejaron a comunistas, nacionalistas e independentistas (el movimiento estadista no presenta ningún peligro y el movimiento obrero estaba descabezado).Con todos estos condicionantes, Muñoz Marín, que gozaba de una gran popularidad, puede continuar sus políticas sin oposición de ninguna parte y presentará a Puerto Rico como ejemplo de las bondades de la vida americana.

El gobernador Muñoz Marín en España. Fuente

El gobernador Muñoz Marín en España. Fuente

También Marín se atraerá a gran parte de la intelectualidad puertorriqueña, lo que hace que la Universidad (UPR) crezca considerablemente y se aprovecha de la disponibilidad de intelectuales españoles exiliados, cuyo liberalismo era aceptado por el PPD, como Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas o Jorge Guillén, que colaboraron en la gestión de festivales y certámenes que dieron un nuevo impulso a la vida cultural de la isla. Desde esta élite cultural se pide una reforma que haga una Universidad abierta, en sintonía con las universidades hispanoamericanas, pero que colabore en la afirmación de la identidad puertorriqueña.

Pero no todo eran noticias positivas, ya que Puerto Rico seguía presentando un fuerte problema de migraciones hacia EEUU, en especial hacia Nueva York, lo que trajo reacciones xenófobas y problemas de integración (muchos criticaban que solo se instalaban en Nueva York para ser incluidos en las listas de asistencia social). Los problemas de población eran usados para justificar los males de Puerto Rico, pasando por alto la situación pseudocolonial o los problemas económicos.

En esta década, el PPD llevará a cabo numerosos esfuerzos por definir la identidad puertorriqueña, siendo la iniciativa más interesante la creación en 1955 del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), que se encargará de reeditar libros sobre todos los temas relacionados con la cultura e identidad puertorriqueña.

También por esas fechas Puerto Rico adquirió otras características asociadas con el sentimiento nacional como fueron la bandera, el himno oficial y la representación en competiciones deportivas (béisbol, baloncesto, boxeo,…), un nacionalismo más banal pero que tiene la capacidad de generar un gran sentimiento de identidad. Como apuntó E. Hobsbawn: “La comunidad imaginada de millones de seres parece más real bajo la forma de un equipo de once personas que conocemos” [en referencia al fútbol, caso que no se puede aplicar a Puerto Rico donde no es un deporte mayoritario].

El cambio de la década de 1960 a 1970 estuvo inmerso en un contexto internacional de nuevos movimientos sociales y profundos cambios culturales. A esto se unen los cambios económicos en la isla que supusieron una mayor industrialización y el consiguiente surgimiento de una nueva clase trabajadora, una nutrida población estudiantil y una capa incipiente de profesionales, que irán conformando una nueva clase social que irá configurando los nuevos movimientos sociales que acaecen en esta década.

Las elecciones de 1968 suponen el final de la hegemonía del PPD. Dentro del partido existían fuertes luchas internas, especialmente por el control municipal. El estatus seguía acarreando problemas y ya bajo la administración Kennedy, se propuso la celebración de un nuevo plebiscito para el 23 de julio de 1967. En dicha votación, el ELA recibió el 60’4% de los votos y la estadidad el 39%. Los independentistas optaron por el boicot ya que consideraban que no tenía ningún significado al no ser vinculante.

Pese a ganar el plebiscito, la inmovilidad del estatus frustró a los populares y se agravó la división dentro del partido. Esto hizo que en 1964 apareciera dentro del partido un grupo que exige una renovación y que formará la “Vanguardia Popular”, que exigía reformas en el partido, en especial para frenar el movimiento estadista (dejando de lado su apoyo incondicional a EEUU y abogando por una mayor autonomía). En respuesta a esto, Muñoz Marín dimite como gobernador y nombrará a Sánchez Vilella, aunque esto no calma la situación.

En 1968 el enfrentamiento interno desgasta sobremanera al partido que pierde las elecciones a favor de un nuevo partido estadista, el PNP (Partido Nuevo Progresista), liderado por el industrialista Luís A. Ferré, que resultaría electo gobernador.

El PNP era producto de la división paralela del movimiento estadista, provocada por el plebiscito sobre el estatus de 1967. Ese año, la mayoría de líderes del Partido Estadista Republicano optó por boicotear el plebiscito. El grupo liderado por Ferré se opuso y organizaron un grupo de “Estadistas unidos” para participar en el referéndum, grupo que se convertiría en el núcleo del nuevo partido.

El PNP tendrá que hacer frente durante su mandato a varias amenazas, en concreto a la oposición legislativa del PPD así como la aparición de nuevos movimientos independentistas. La victoria del 68 no se repetiría en las siguientes elecciones, las de 1972 en las que el PPD recupera el poder, y se iniciará una alternancia entre ambos partidos que llegará hasta nuestros días.

Desde principios de la década de 1960 empiezan a aparecer nuevas organizaciones y publicaciones que se verán bastante marcadas por la Revolución Cubana. Destaca el Movimiento Pro Independencia (MPI), que tratará que la ONU reabra la cuestión del estatus. Conseguirán que se hicieran visitas a la isla que no sirvieron de nada pero obligaron a EEUU a maniobrar diplomáticamente.

Todo esto hará que el gobierno federal persiga y hostigue tanto al MPI como al PIP (Partido Independentista Puertorriqueño). A pesar de esto, el MPI crece mucho, en especial por adoptar una línea marxista–leninista, lo que lo acabará transformando en el nuevo Partido Socialista (PSP). El PIP por su parte también inició una renovación y giro hacia la izquierda presentándose como una alternativa, no marxista, a la socialdemocracia tradicional.

Junto a este reverdecimiento del independentismo aparecen también nuevos movimientos sociales, principalmente movimientos estudiantiles influenciados por movimientos similares en EEUU (que aparecen al calor de la Guerra de Vietnam) a lo que se suma el movimiento ambientalista y la ocupación de tierras. Estos tres movimientos coincidieron en la protesta contra la presencia estadounidense en la isla de Culebra, un campo de entrenamiento de desembarcos anfibios desde la Segunda Guerra Mundial y que fue ocupado por activistas. A estos tres movimientos se pueden añadir la renovación en el movimiento obrero,  la aparición de nuevas organizaciones sindicales y la llamada segunda ola del feminismo que conseguirá la legalización del aborto.

Volviendo a la política, el PNP recuperará el poder en 1976, gracias a un discurso populista destinado a las clases bajas: la promesa de que con la estatalidad aumentan los fondos federales y se reduce la miseria y el paro.

En el pasado los partidos puertorriqueños habían estado vinculados a los partidos estadounidenses, así el PPD estaba más cercano a los Demócratas desde la New Deal y los estadistas eran más cercanos a los republicanos. Sin embargo, el nuevo gobernador del PNP comprendió que la causa estadista ganaría fuerza si se desvinculaba de los republicanos, socialmente conservadores, e iniciaría en 1980 una fuerte campaña estadista en el Congreso.

Este nuevo impulso estadista tendría que enfrentarse a la oposición, no solo de sectores políticos sino también de parte de la sociedad, que se mostraban reacios a admitir en la Unión a un pueblo como el puertorriqueño, cultural y racialmente diferente a ellos.

Además de esto, volverán a aparecer enfrentamientos violentos de grupos independentistas que pretenden hacer, mediante la lucha armada, más costoso e inseguro el régimen colonial. El gobierno insular reacciona creando “unidades antiterroristas” que acosarán a estos movimientos, incluyendo el asesinato de varios miembros. Todo esto hace caer al PNP y el regreso de los populares en 1985.

En las elecciones de 1992 vuelve a haber rotaciones y resulta vencedor el PNP con Pedro Roselló al frente, quien tratará de darle un nuevo impulso al proyecto estadista. En este sentido se celebrarán en la década de 1990 dos nuevos plebiscitos, uno en 1993 y otro en 1998

En el plebiscito de 1993 vencerá la opción del ELA por un escaso margen de un 2%. El PPD vincula el ELA a la defensa de la identidad y cultura puertorriqueña frente al “english only” defendido desde EEUU. Por su parte, en la votación de 1998 vencerá el descontento con el ELA debido a las medidas neoliberales llevadas a cabo por el gobernador Roselló, que incidieron negativamente en la economía puertorriqueña.

A esta política hay que sumarle los numerosos escándalos de corrupción que suceden en este periodo y que salpicarán a miembros del gobierno así como la crisis de Vieques de 1999, que al igual que ocurriera con la base de la Marina en Culebra, fue ocupada por manifestantes y obligó al presidente Clinton a proponer celebrar una votación para continuar o cesar la presencia de la Marina en Vieques. Finalmente se decide la retirada de la isla en tres años.

Todos estos factores llevaron al gobernador Roselló a no presentarse a las elecciones del 2001 en la que volvería a vencer el PPD con Sila Calderón como primera mujer en ser gobernadora de Puerto Rico, un gobierno paupérrimo que no representaría ningún cambio respecto al previo y que no se presentó a la reelección en 2004 donde se puso de manifiesto el empantanamiento político de la isla y la crisis de los partidos. Así mismo, el movimiento independentista para la década de 1990 y primeros años del siglo XXI era meramente residual.

En definitiva, y como se aprecia en las elecciones de 2012, la política puertorriqueña está resumida a la lucha entre los dos grandes partidos, el PPD y el PNP, ninguno de ellos independentista. El movimiento por la independencia de la isla tiene un apoyo mínimo y el resto de opciones prácticamente no se contemplan. Del mismo modo en el último plebiscito celebrado en 2012 se aprecia que la opción independentista recibe muy escaso apoyo y la mayoría de la población opta por la estadidad.

| Bibliografía:

AYALA, César J. y BERNABÉ, Rafael. Puerto Rico en el siglo americano: su historia desde 1898. San Juan: ed. Callejón, 2011

BERRIOS MARTÍNEZ, Rubén. Puerto Rico: nacionalidad y plebiscito. Rio Piedras: Libertad, 1991

D’ESTÉFANO, Miguel A. Puerto Rico: análisis de un plebiscito. Tricontinental, La Habana, 1967

FRAMBES BUXEDA DE ALZÉRRECA A. Economía y evolución de los partidos en Puerto Rico, siglo XIX y XX. Para entender a Puerto Rico, revista Homines. San Juan de Puerto Rico: Universidad Interamericana de Puerto Rico, 2009

NOHLEN, Dieter. Elections in the Americas: A data handbook, Volume I. Oxford: OUP, 2005

PERAIRE VIDAL, Roberto. Breve historia de Puerto Rico: (1492-1900). Río Piedras, Puerto Rico, 1983

Redactor: David Ortega Guirado

Licenciado en Historia por la Universidad de Granada, máster en Docencia por la misma universidad y máster en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid. Interés en Historia Contemporánea, historia de la vida cotidiana, historia del nacionalismo e historia del socialismo.

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