Bioquímica de la muerte. Historia de los venenos (I): Cicuta

Esta es la primera entrega de una serie de tres partes que tratará sobre la historia de los venenos, analizando su origen, composición y efecto. Para ello la serie se centrará en tres venenos cuya relación con eventos y personajes históricos ha facilitado su inclusión en la cultura popular, ya sea a través del cine, la literatura y la ficción. 

Pero no adelantemos acontecimientos y empecemos por lo básico. ¿Por qué el título bioquímica de la muerte? Para responder a esta pregunta la fase previa debe ser definir qué entendemos por bioquímica. La bioquímica es una disciplina científica sobre la que existen innumerables definiciones, entre ellas he decido elegir la siguiente, basada en el objeto de la misma:

Es la ciencia que estudia la composición química de los seres vivos, las relaciones entre dichos materiales, sus transformaciones, la regulación y el funcionamiento de estos procesos y, por tanto, las repercusiones que pueden tienen en la fisiología de los organismos (Pilar et al. 2003).

Pictograma correspondiente a sustancia tóxica. Fuente

Pictograma correspondiente a sustancia tóxica. Fuente

En concreto la última parte de esta definición menciona las repercusiones en la fisiología de los organismos, y es en una de esas consecuencias en la que se centrará esta serie de artículos, la muerte. 

Aclarada la primera parte del título, el siguiente paso es relacionar el término bioquímica con el término veneno. Definir un veneno resulta difícil, ya que en bioquímica se suele utilizar el concepto tóxico. Si atendemos al diccionario de la RAE un veneno sería aquella sustancia que, introducida en un ser vivo, es capaz de producir graves alteraciones funcionales e incluso la muerte. Pero esa definición podría servir igualmente para definir una sustancia tóxica. Para simplificar los términos a lo largo de esta serie usaremos el concepto tóxico para las sustancias químicas que provocan alteraciones en el metabolismo y funcionalidad de los seres vivos y veneno para aquellos preparados creados con la intención de provocar la muerte del individuo expuesto a dicha sustancia.

A modo de resumen, en caso de la ingesta o exposición a una sustancia tóxica hablaremos de intoxicación y de veneno y envenenamiento cuando se ha proporcionado una sustancia o preparado a un individuo con el fin de acabar con su vida. Esta diferenciación resulta especialmente útil si consideramos que la inmensa mayoría de los tóxicos tendrán, en función de la dosis, distintos efectos que pueden ser desde positivos a letales. Prácticamente cualquier medicamento puede ser letal si se produce una sobredosis. Nadie consideraría el paracetamol un veneno, sin embargo una sobredosis de este medicamento puede provocar un fallo hepático y la muerte en varios días.

Hasta aquí llega la introducción a esta serie y es el momento de comenzar con el Volumen I, la Cicuta. 

La cicuta procede de la planta Conium maculatum L. Esta planta se conoce comúnmente como beleño manchado o venenoso. Es originaria de Europa, aunque en la actualidad se encuentra distribuida por todo el mundo, incluyendo Asia, África y América. Suele encontrarse en lugares alterados por la presencia humana, como por ejemplo escombreras, acequias, arcenes de las carreteras, jardines abandonados, antiguas tierras de cultivo, etc. Esto se debe principalmente a que es una planta nitrófila, lo que significa que tiene unos requerimientos de nitrógeno alto y las zonas mencionadas suelen tener unas concentraciones de nitrógeno anormalmente altas por el efecto de los abonos y fertilizantes, la contaminación del tráfico rodado, etc.

Fotografía de la planta Conium maculatum. Fuente

Fotografía de la planta Conium maculatum. Fuente

Una vez establecido el origen del veneno, es el momento de analizar de dónde procede su efecto tóxico. El principal responsable de su toxicidad y por tanto de su uso como veneno es un alcaloide llamado coniína o cicutina. Los alcaloides son sustancias orgánicas nitrogenadas, de estructura compleja y cíclica de carácter básico (o alcalino), normalmente son de origen vegetal y suelen tener efectos tóxicos. Otros ejemplos de alcaloides son la nicotina, la cafeína, la morfina y la cocaína. Si bien se encuentra en toda la planta, las mayores concentraciones de coniína se encuentran en las semillas de Conium maculatum.

Molécula de coniína. Fuente

Molécula de coniína. Fuente

Los síntomas que provoca la intoxicación o el envenenamiento por esta sustancia son sequedad de boca, y sensación de ardor, que se extiende a faringe y laringe dificultando e incluso impidiendo el habla. Poco después se añaden náuseas, vómitos y a veces diarreas, con dolor abdominal. Es posible que aparezca en las horas posteriores una parálisis progresiva ascendente, en ocasiones aparecen convulsiones. Al no ser afectado el sistema nervioso central la persona permanece consciente, y se mantiene la lucidez mental hasta el último momento. La causa de la muerte es la carencia de oxígeno en los pulmones y el corazón como consecuencia de la parálisis respiratoria.

Solo sé que sabe raro.

Uno de los principales personajes históricos vinculados a este veneno es el filósofo ateniense Sócrates (470 a.C.-399 a.C). Sócrates fue sin duda una persona particular, llena de contrastes, si bien ha pasado a la historia por su aporte a la filosofía con la mayéutica mediante la que mantenía una conversación (aunque más bien parecía un interrogatorio) durante la cual sometía a su interlocutor a constantes preguntas cuestionando sus respuestas, con el fin de descubrir si la idea inicial de la que había partido toda la charla se basaba en una apariencia engañosa o en verdadero conocimiento.

Pero además de esto, Sócrates fue soldado. Se sabe que participó en las batallas de Samos (440 a.C.),  Potidea (432 a.C.), Delio (424 a.C.) y Anfípolis (422 a.C.). De esta etapa de su vida surge su amistad con el estratego y estadista ateniense Alcibíades (450 a.C.- 404 a.C.) al que llegó a salvar la vida y que llevó a cabo un destacado papel en la guerra del Peloponeso. 

La mayoría de los datos que se conocen sobre su vida proceden de los escritos de otros tres famosos atenienses, el historiador y aventurero Jenofonte, el comediógrafo Aristófanes y el filósofo Platón. Precisamente gracias a este último se conocen los detalles de su muerte que quedan recogidos en los Diálogos de Platón, Fedón. Sócrates siempre fue crítico con el poder establecido y, a diferencia de muchos de sus coetáneos no se exilió de Atenas durante el gobierno de los Treinta Tiranos. Lo controvertido de su figura junto con los tiempos convulsos que atravesaba Atenas por aquel entonces, propiciaron que fuera juzgado y condenado a muerte.

En la república de Atenas, una de las formas habituales de administrar la pena de muerte era facilitar al condenado una bebida a base de un preparado de cicuta que este debía ingerir. Así fue en el caso de Sócrates, como ha quedado inmortalizado en numerosas obras de arte.

La muerte de Sócrates, Jacques-Louis David, pintado en 1787. Fuente

La muerte de Sócrates, Jacques-Louis David, pintado en 1787. Fuente

Como se mencionaba antes, el episodio completo de la muerte de Sócrates queda recogido en las obras de Platón de la siguiente forma:

Sócrates continuó paseándose hasta que sus piernas no pudieron sostenerle; entonces se tendió sobre el lecho. El carcelero le tocó los pies, preguntándole si lo notaba, y él contestó que no. Después le palpó las piernas y más arriba, diciéndonos que ya todo él estaba frío y rígido. Sócrates se palpó también y dijo: «Cuando el veneno llegue al corazón será el fin». Pronto empezó a ponerse frío de las caderas, y descubriendo entonces la cabeza, que ya se había tapado, dijo: «Critón, ahora me acuerdo que debo un gallo a Esculapio». «Se pagará, no lo dudes —díjole Critón—;¿quieres algo más?…» Pero Sócrates ya no respondió a esa pregunta. Al cabo de uno o dos minutos pareció moverse y los que rodeaban el lecho lo destaparon. Tenía ya los ojos fijos, y Critón le cerró boca y párpados.”

Esta sintomatología se corresponde con los efectos ya descritos de la coniína, como son la parálisis comenzando por los miembros inferiores y la muerte por asfixia, igual que los movimientos finales descritos podrían deberse a las convulsiones. No obstante, en general la muerte descrita por Platón parece en exceso tranquila, sin ninguno de los bruscos episodios como las nauseas, vómitos, diarreas y demás efectos asociados a la cicuta. Esto parece sugerir que el preparado empleado para ajusticiar a los condenados tuviera más elementos. La mayor cantidad de toxina se encuentra en las semillas de la planta, por lo que para extraerlo sería necesario con moler las semillas, dejarlas reposar en agua y luego filtrar el preparado. 

Sin embargo, la coniína resulta difícilmente soluble en agua siendo mucho más fácil disolverla en alcohol. Es por esto que muchos expertos creen que la copa de la que bebió Sócrates contenía grandes cantidades de vino e incluso puede que algún opiáceo que junto con el vino enmascararan los efectos más adversos de la cicuta haciendo que la muerte fuera un proceso menos violento. Un preparado que incluyera el extracto de cicuta, vino y algún opiáceo cuadraría perfectamente con la escena descrita por Platón.

En una curiosa coincidencia, el combinado de sustancias descrito en la copa de Sócrates sigue el mismo modelo que la inyección letal empleada hoy en día como método de ejecución, consistente en una mezcla de la sustancia letal y algún tipo de opiáceo que haga las veces de tranquilizante para evitar el dolor del condenado durante el proceso. A día de hoy los motivos por los que se condena a alguien a muerte han variado desde los días del filósofo griego, y las sustancias empleadas también, sin embargo, el principio de evitar el sufrimiento del condenado se mantiene (en algunos casos) así como la irreversibilidad del proceso. Si a día de hoy aún juzgamos la validez y la justificación de los motivos que condujeron a la muerte de Sócrates, cabe preguntarse hasta cuándo se seguirá aplicando la pena de muerte y cuántos casos se seguirán cuestionando una vez que se ha tomado la decisión más definitiva de todas, privar a alguien de su vida.

Bibliografía:

ADELA, M. P., “Historia del veneno“. Editorial Debate. 2012.

FRANCISCO, G. A., “Nomenclatura de química orgánica“. Editado por Secretaria de Murcia. 1991.

 JOHN, G. K., NORBERT, M., “Plants and Habitats of European Cities“. Editorial Springer-Verlag New York. 2011.

 PILAR, R., JORDI, O., ANA Mª. R., “Bioquímica, Técnicas y Métodos“. Editorial Hélice, Madrid. 2003.

 PLATÓN. “Diálogos. Critón, Fedón, El banquete, Parménides“. Editorial EDAF S.L. 1984.

Redactor: Fernando Martín

Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad Pablo de Olavide. Socio fundador y Presidente de la Asociación Caminos y Ciencia dedicada a la divulgación científica y ambiental. Podéis seguirnos en facebook y twitter @cyc_divulga

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1 Comentario

  1. Muy bien !!!!!Bravo!!!

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