Bioquímica de la muerte. Historia de los venenos (III): Cianuro.

Con esta tercera entrega llegamos al fin de la saga dedicada a la historia de los venenos. Hasta ahora hemos revisado la Cicuta y la Cantarella, viajando desde la antigua Grecia al renacimiento italiano. En esa ocasión damos un salto temporal hasta el siglo XX donde el protagonista de esta tercera entrega cobrará especial relevancia en los momentos finales de uno de los conflictos bélicos más terribles que sacudió al mundo, la Segunda Guerra Mundial.

El conflicto que enfrentó a las grandes potencias de la época desde 1939 hasta 1945 y que comenzó en el continente europeo hasta extenderse hasta África, Asia y el Pacífico y que acabó costando millones de vidas entre combatientes y civiles fue testigo de alguna de las mayores atrocidades cometidas por el hombre. En este contexto de horror y caos, el cianuro ocupará su papel al servicio de la barbarie y la muerte.

Siguiendo la línea que hemos establecido en las dos partes previas de la Historia de los Venenos, en primer lugar vamos a centrarnos en conocer el origen y los efectos del Cianuro. El Cianuro es un compuesto químico formado por carbono y nitrógeno unidos mediante un triple enlace (C≡N), en concreto es lo que se denomina como un anión monovalente, o lo que es lo mismo, una partícula cargada electricamente de forma negativa,  representándose como CN- .

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Molécula de cianuro fuente.

El Cianuro se aparece en la naturaleza con cierta normalidad, y es que podemos encontrarlo en las primeras fases de formación y desarrollo de la vida en nuestro planeta. Está presente en numerosos microorganismos e insectos y aparece en estadios iniciales y de crecimiento de algunas plantas, que lo emplean como mecanismo de defensa frente a la predación evitando la presión que ejercen los herbívoros sobre estas poblaciones. Incluso está presente en concentraciones muy pequeñas en algunos alimentos consumidos de manera habitual por el hombre, como algunos frutos secos (almendras, castañas y nueces) o en las semillas de determinados frutos (manzanas, peras, yuca etc).

En este caso existe una gran diferencia con respecto a los otros dos venenos sobre los que trataban las anteriores entregas de esta serie (la cicuta y la cantarella) y es que, si bien en este caso resulta complicado disimular la presencia del cianuro por una característica propia y distintiva de este veneno, su fuerte sabor amargo, que ha sido comparado en numerosas ocasiones con el sabor de la almendra amarga. A cualquiera que se haya visto sorprendido por la almendra amarga en medio de un puñado de frutos secos que nos hemos llevado a la boca presos de la inconsciencia sabrá exactamente de qué sabor estamos hablando. Resulta desagradable en extremo y difícilmente disimulable.  Esto no quiere decir que sea imposible, sobre todo si tenemos en cuenta que las dosis letales para el ser humano son cantidades muy pequeñas, oscilando entre los 50 y 100 mg, por tanto la disolución del cianuro en un líquido con un sabor fuerte podría enmascarar el sabor amargo. Los síntomas que presenta un envenenamiento con dosis letales de cianuro son la pérdida de consciencia y el paro respiratorio que provoca la muerte, sin embargo en el caso de dosis menores los síntomas son mucho más sutiles como, por ejemplo, debilidad general, confusión o cefalea, haciendo posible un envenenamiento prolongado dosis bajas que acabe provocando la muerte de la víctima sin despertar demasiadas sospechas.

Víctimas y verdugos.

Como comentábamos al comienzo del artículo, el cianuro cobrará especial importancia durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial, en concreto en la Alemania Nazi. Era el mes de septiembre de 1941 en uno de los lugares que acabaría convirtiéndose en una de las localizaciones más lúgubres de la historia de la humanidad, el campo de concentración de Auschwitz (Polonia). Unos 600 prisioneros de guerra rusos y 250 enfermos entraban en las cámaras de gas del campo de exterminio para ser usados como prueba de un nuevo método de ejecución en masa, el uso del Zyklon-B. El primer ensayo se había realizado sólo unos meses antes, entre enero y febrero de 1940 en el campo Buchenwald (Alemania) en 250 niños gitanos con resultados satisfactorios para los encargados del campo, de modo que era el momento de realizar pruebas definitivas que determinaran el éxito de este nuevo producto.

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Lata de Zyklon-B fuente.

Los prisioneros que entraron aquel día en la cámara de gas perdieron la vida por efecto del Zyclon-B que producía según los forenses del campo dolor extremo, convulsiones y un ataque cardíaco en pocos segundos. Pero algo más de lo anotado por aquellos doctores que documentaban y recogían  los datos de las ejecuciones como un estudio clínico, relaciona este horrible suceso con el tema de nuestro artículo: aquél gas poseía un olor característico a almendras amargas y mazapán.

El Zyclon-B es un gas que fue concebido en origen como un pesticida y se empleaba para desinfectar las ropas de los prisioneros destinados a trabajos forzados para evitar brotes de tifus y otras enfermedades, hoy en día incluso se sigue empleando como método de control de plagas de insectos y roedores. Su composición básica es cianuro de hidrógeno el cual reacciona con la humedad y exposición al aire. Incluso el cianuro de hidrógeno en estado líquido comienza a emitir vapores tóxicos a temperaturas superiores a 26ºC. El interior de las cámaras de gas era un ambiente perfecto para potenciar los efectos letales del gas, la temperatura en ellos era superior a 26ºC debido al hacinamiento, con altos niveles de humedad. El efecto del gas provocaba sofoco y asfixia en las víctimas, que daba lugar a pérdida de la consciencia, afecciones cerebrales por la privación de oxígeno y la muerte.

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Interior de una cámara de gas en Auschwitz (Polonia) fuente.

La vida, sin embargo, no carece de ironía y un pérfido sentido del humor. A medida que los cruentos años de guerra fueron pasando la situación se fue volviendo más y más difícil para el régimen nazi y para la primavera de 1945 era claramente desesperada. En el opresivo ambiente del búnker en el que se refugiaba Hitler junto con algunos miembros de la cúpula del gobierno nazi en Berlín  la desesperación crecía mientras la ciudad sufría el acoso de las tropas aliadas y comunistas. Entre los miembros del partido nazi allí refugiados se encontraba Joseph Goebbles (ministro para la ilustración pública y la propaganda del Tercer Reich) refugiado junto con su mujer y sus hijos. Tras el suicido de Hitler, Goebbles decidió anestesiar a sus 6 hijos y administrarles una vez dormidos una píldora de cianuro de potasio. Tras lo cual tanto él como su mujer se suicidaron, según algunas versiones, compartiendo una ampolla de cianuro de potasio y fueron rematados a tiros, mientras que otras versiones indican que él mismo disparó a su mujer antes de volver el arma contra sí.

Otros líderes nazis que recurrieron a estas píldoras de suicido fueron Heinrich Himmler (oficial de las SS) y Herman Göring (comandante de la Lutwaffe). La sustancia que todos ellos ingirieron no era otra que una solución concentrada de cianuro de potasio contenido dentro de una pequeña cápsula, o ampolleta de cristal. Estas píldoras eran una forma común de evitar la captura y tortura por parte de miembros de los servicios de inteligencia y han formado parte de numerosas tramas de novelas y películas sobre este tema. Suele suceder que la ficción se toma notorias licencias con el fin de aumentar el interés y el impacto, sin embargo, hay algo que han sabido reflejar y que se corresponde con la realidad. Estas cápsulas no estaban diseñadas para ser ingeridas sin más, si no que debían ser rotas previa a su ingesta. Normalmente la persona determinada a suicidarse muerde la ampolleta rompiéndola y liberando el veneno y sólo entonces lo ingiere.

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Cápsula que contiene la ampolleta de cianuro fuente.

La muerte cerebral se produce a los pocos segundos por efecto de la pérdida de oxígeno y la parada respiratoria, seguida por un cese de la actividad cardíaca. La necesidad de romper la ampolleta de cristal para asegurar el efecto del veneno implica una disposición y decisión por parte de la persona que usa estas píldoras de suicidio, motivo por el que Goebbels optó por anestesiar a sus hijos para, una vez dormidos, hacerles romper la píldora y asegurar su muerte. Esto no quiere decir, que sea una decisión personal o que no se pueda forzar a alguien a ingerir el veneno, como el caso del mariscal Erwin Rommel, al que le dieron la opción de suicidarse para, de este modo, evitar el escándalo público que supondría la implicación de un héroe de guerra en el complot del atentado fallido contra Hitler el 20 de Julio de 1944.

Con este relato sobre uno de los periodos más oscuros de la Historia de Europa y la Humanidad llegamos al final de la saga sobre los venenos. A lo largo de los tres volúmenes hemos visto como los venenos se han empleado y por desgracia se siguen empleando hoy en día como un método de ejecución para condenados, como una forma discreta de eliminar a rivales políticos, de resolver disputas y envidias, o como método de exterminio y suicidio. Las sustancias empleadas han variado y todas ellas sin excepción tienen otros usos, desde medicinales a agrícolas, pasando por el control de plagas y todos (o la gran mayoría) se encuentran presentes en la naturaleza, residiendo por tanto su identidad como venenos en la intención del ser humano en erradicar a sus pares con diversas excusas y justificaciones de dudosa autoridad ética y moral.

La muerte nunca debe ser ejercida con ligereza, sea el método que sea el empleado. No importa cómo de fácil de ocultar o “limpio” sea, siempre deja una huella que será juzgada a través de los ojos de la Historia.

Bibliografía:

ADELA, M, P., 2012. Historia del veneno. Editorial Debate.

BOOK GROUP STAFF., 2010. Infraestructure of the Holocaust. Gas Chanber, Zyklon B, Gas Van, Holocaust train, Genickschussanlange, Steam Chamber. Editorial General Books.

CYRIAX, O., PÉREZ, J., 1996 Diccionario Del Crimen: De Abedul a Zyklon B, Una Enciclopedia Del Mal. Editorial Anaya & Mario Muchnick.

STONE, N., 2015. Breve historia de la segunda guerra mundial. Editorial Planeta.

VOET, D., VOET, J., PRATT, C. W., 2006. Fundamentos de Bioquímica, la vida a nivel molecular. Editorial Médica Panamericana.

Redactor: Fernando Martín

Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad Pablo de Olavide. Socio fundador y Presidente de la Asociación Caminos y Ciencia dedicada a la divulgación científica y ambiental. Podéis seguirnos en facebook y twitter @cyc_divulga

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