Arqueobotánica

Cuando investigamos el pasado, entramos en contacto con numerosos tipos de elementos y materiales que nos aportan información. Dependiendo de la cronología hallamos desde material lítico (herramientas), cerámica, material de construcción (adobe, sillares, etc.), metales, madera y hasta huesos (humanos o animales). Cada tipo de resto arqueológico, estudiado a conciencia, nos aporta muchísima información, y entre ellos también están las plantas.

Las plantas constituyen una parte fundamental de los materiales bióticos (pertenecientes a la biosfera) con los que ha contado la humanidad para desarrollar su cultura material. De la misma forma, las plantas ya sean domésticas (producción agrícola) como las salvajes (recolección de frutos silvestres), constituyen una base material de todas las culturas gastronómicas de la Humanidad. Y de forma especialmente importante, la madera ha constituido la principal fuente energética de las sociedades humanas, desde la invención del fuego antes de la aparición del Homo sapiens hasta la aparición del combustible fósil.

El estudio de las plantas también nos acercan a lo que denominamos paleoambiente, que es el estudio del entorno pasado, qué característica tenía el paisaje vegetal y cómo ha ido evolucionando a lo largo del tiempo.

Pero el principal problema al que nos enfrentamos es la conservación de las mismas. Para que hallemos los restos de plantas en un yacimiento arqueológico se tienen que dar unas condiciones bastante concretas de conservación y también de excavación. En la mayoría de los yacimientos, los materiales como la madera, alimentos vegetales o elementos florales, por ejemplo, desaparecen poco tiempo después de haberse iniciado el proceso de formación del registro arqueológico. Sólo en casos concretos, tales como ambientes de sequedad extrema y constante, y en ambientes anaeróbicos (ambientes con falta de oxígeno). Por ejemplo, en yacimientos subacuáticos, donde los materiales vegetales tales como la cestería, granos transportado por barcos, objetos de madera, etc., suelen conservarse en relativas buenas condiciones debido al ambiente en el que se encuentran.

Dentro del estudio de las plantas podemos hacer dos diferencias: el estudio de los microrrestos vegetales, que son los granos de polen o fitolitos, éstos son microscópicos y no pueden ser identificados por los arqueólogos durante el proceso de excavación y/o tratamiento de los sedimentos. Y por otra parte, está el estudio de los macrorrestos vegetales, o lo que es lo mismo, el estudio de los fragmentos de carbón o de frutos y semillas carbonizados, restos que sí son visibles durante la excavación.

Es por ello que, debido a la variada naturaleza de los restos de plantas en yacimientos arqueológicos, se han ido configurando en la arqueobotánica diferentes disciplinas encargadas cada una de ellas del estudio de un tipo concreto de restos botánicos.

Como hemos mencionado anteriormente, los microrrestos vegetales son aquellos que no se pueden ver a simple vista en el yacimiento arqueológico y los componentes principales son los pólenes, las esporas, los granos de almidón y los fitolitos y las principales disciplinas que los estudian son la palinología y la fitolotología.

Vamos a empezar hablando de la palinología, cuyo origen del término proviene del griego “palynein”, que significa “arrojar lejos, esparcir”, por lo que su significado se debe a la naturaleza del polen que viaja de flor en flor para polinizar y reproducir las plantas de una especie botánica determinada. Como recordatorio sobre el tema, los diminutos granos de polen se encuentran en las anteras de las flores, y cada uno de ellos está formado por un conjunto de dos células rodeadas por dos membranas resistentes que aseguran la integridad del grano de polen durante el viaje de la flor de origen a la de destino.

Partes de una flor. Fuente

Partes de una flor. Fuente

 Cuando analizamos los granos de polen al microscopio, éstos tienen diferente morfología, lo que nos permite poder distinguir la especie vegetal a la que pertenecen, dándonos la posibilidad de identificar el taxón de cada grano de polen recuperado en los sedimentos de yacimientos arqueológicos.

En los últimos años, los estudios polínicos han incorporado el análisis de otras partículas botánicas microscópicas, conocidas como NPP, siglas del inglés “Non Pollen Palynomorph”, que son de gran importancia en yacimientos arqueológicos, ya que son indicadores de condiciones ambientales determinadas.

Los granos de polen están compuestos por un componente muy resistente, la esperopolenina, que permite que se conserven durante siglos, milenios y, en ocasiones, millones de años. Los granos de polen que no fertilizan ningún óvulo son depositados en el sedimento por la gravedad y gracias a esta capacidad de conservación conferida por la esperopolenina, son estos granos los que posteriormente pueden ser recuperados para su estudio en sedimentos de yacimientos arqueológicos y/o de zonas de sedimentación natural (lagos, turberas, albuferas).

Así pues, la presencia de estos granos de polen en los yacimientos arqueológicos depende de factores tanto naturales como culturales. Por una parte, la lluvia polínica natural del momento de formación del yacimiento representa la vegetación del entorno, que estaba polinizando en el momento de formación del registro arqueológico. Por otra parte, la deposición polínica corresponde a la aportación de polen efectuada por las acciones de los seres humanos que desarrollaron diversas actividades en el pasado en el yacimiento. Existe una gran diversidad de actividades humanas que aportan polen a los sedimentos arqueológicos, como el uso de forraje para animales, los alimentos (algunos con importante componente polínico, como la miel), las ofrendas florales, etc.

Asimismo, el movimiento de personas y animales en el yacimiento contribuyen a esparcir granos de polen de un lugar a otro, hecho que se traduce en la deposición polínica que será posteriormente identificada mediante el estudio arqueopalinológico.

Granos de polen vistos al microscopio electrónico. Fuente

Granos de polen vistos al microscopio electrónico. Fuente

De esta manera, el análisis del polen nos ofrece información sobre el medio ambiente del pasado (cuales eran las plantas que estaba polinizando en el paisaje en el pasado), sobre como las sociedades modificaban el paisaje (evidencias de cultivos extensivos, de deforestaciones, etc.) y sobre como las personas usaban (e interactuaban con) las plantas (producción de miel, ofrendas florales, etc.).

La otra disciplina principal es la fitolotología, que es la encargada del estudio de los fitolitos, el otro gran grupo de microrestos vegetales encontrados en yacimientos arqueológicos. Los fitolitos son partículas de tamaño y morfología variados que se producen en el organismo vegetal como consecuencia de un proceso de mineralización. Los fitolitos se generan a raíz de un proceso vital para el desarrollo de la planta, la absorción de agua del suelo. El sílice, diluido en el agua, es absorbido por la planta a través de las raíces y transportado a las partes aéreas de la misma (tallo, hojas, inflorescencias), a continuación se deposita en el interior de las células de las plantas y en los espacios entre estas (espacios intercelulares). Las partículas que se insertan en el interior de las células adquieren la forma exacta de estas, por lo que su identificación taxonómica es relativamente más fácil, ya que se puede estudiar el tipo de células, con su morfología específica, presentes en las diferentes partes de las especies vegetales actuales. En cambio, las partículas de sílice que ocupan los espacios intercelulares, adquieren formas angulosas que no permiten ser adscritos a tejidos concretos de origen. Es decir, que no se puede determinar fácilmente de qué parte de la planta proceden.

Los fitolitos vienen estudiándose desde el primer tercio del siglo XIX a raíz de diversos estudios de microscopía efectuados por parte de biólogos alemanes. Posteriormente, el estudio de este tipo de partículas se ha ido desarrollando en diversos campos, como el de la botánica, la geología o la arqueología. Generalmente los estudios de fitolitos están enfocados hacia los siguientes temas: 1) Reconstrucción de la vegetación del pasado. 2) Uso de las plantas, sobre todo a partir de los restos que pueden encontrarse en determinados artefactos arqueológicos (p. ej.: contenido de jarras, vasos…). 3) El estudio de la agricultura en la Prehistoria Reciente. 4) El análisis de contextos cenicientos (sin carbones) para obtener datos sobre el tipo de combustible. 5) Estudios arqueobotánicos en general, cuando no se han preservado otros restos botánicos. 6) La búsqueda de una imagen general del consumo de vegetales, independientemente de su procesado (ya que su conservación no exige una carbonización o torrefacción previas, como sí ocurre en el caso de maderas o semillas).

El segundo gran grupo de restos vegetales en yacimientos arqueológicos son los macrorrestos. Se trata, a diferencia del polen o de los fitolitos, de partes de plantas perceptibles a simple vista por el ojo humano. Entre las disciplinas que estudian los macrorrestos vegetales, hay dos que presentan un especial desarrollo: la antracología y la carpología.

La antracología es una disciplina arqueobotánica que estudia el carbón vegetal (madera carbonizada) procedente de contextos arqueológicos y/o de niveles sedimentarios de génesis natural, es decir, los carbones producidos no por la acción del hombre, sino a causa de incendios forestales. El término antracología proviene de la raíz griega ántrax/antracos (carbón) y logia (conocimiento). En el caso de la antracología, los carbones provienen fundamentalmente de combustiones voluntarias realizados por los humanos en el pasado o de la destrucción por medio de un incendio de las estructuras arquitectónicas y los objetos manufacturados en madera.

Como en todas las disciplinas arqueobotánicas, el primer paso en los estudios antracológicos es la identificación taxonómica de los fragmentos de carbón y/o los objetos de madera recuperados mediante la excavación arqueológica. Cada especie vegetal leñosa presenta una estructura celular concreta que, observada en el microscopio óptico, es diferente en cada caso. Este conocimiento es sistematizado en los atlas de anatomía de la madera que, junto con la colección de referencia de carbones y maderas, son la base comparativa a partir de la cual se determina taxonómicamente cada uno de los restos de carbón arqueológicos.

El estudio de los carbones vegetales arqueológicos ofrece un amplio estudio debido a que ayudan a retratar el entorno paisajístico de la época pero transformado por la mano del hombre. Algunos de los principales objetivos de los estudios antracológicos pueden ser: 1) La reconstrucción de la vegetación adyacente al yacimiento. 2) El estudio de los cambios en las formaciones vegetales a lo largo de la historia, esto se lleva a cabo para averiguar si estos cambios son producidos como consecuencia de variaciones climáticas ambientales o por la explotación humana. Lo que nos lleva a: 3) Análisis de patrones de utilización de la madera, ya sea para combustible, arquitectura, aprovisionamiento, etc.

Y finalmente la última disciplina a tratar es la carpología, la cual se encarga del estudio de las semillas y frutos recuperados en los yacimientos. Generalmente, las semillas se encuentran conservadas debido a la carbonización, pero también pueden llegar hasta nosotros por estar sumergidas en agua (ambiente anaeróbico) o por momificación, debido a permanecer en condiciones de temperatura y humedad propicias.

Granos de maíz procedente de un contexto arqueológico. Fuente

Granos de maíz procedente de un contexto arqueológico. Fuente

Su identificación podemos hallarla a través del estudio de la morfología externa del fruto y los resultados que podemos extraer de los estudios carpológicos se resumen en varios puntos: 1) Identificación de plantas cultivadas y de las plantas silvestres recolectadas. 2) Análisis de los desechos generados durante el procesamiento de los cereales que permite identificar cuál es el tratamiento de la cosecha. 3) El estudio de las plantas silvestres puede darnos una aproximación del tipo de cultivo desarrollado, a los tipos de suelos explotados y a determinar el sistema de siega. 4) Completa el estudio de la vegetación desarrollado fundamentalmente a partir de los estudios antracológicos y polínicos.

He aquí un resumen bastante simple del mundo de la arqueobotánica y sus diferentes disciplinas. Hay mucha información que nos perdemos si pensamos que el estudio histórico está sólo en manos de la Arqueología y la Historia, la multidisciplinaridad es necesaria y nos ayuda a conseguir la mayor información posible.

 

Bibliografía|

BADAL, E.: “Aportaciones de la antracología al estudio del paisaje vegetal y su evolución en el cuaternario reciente, en la costa
mediterránea del País Valenciano y Andalucía (18000-3000 BP)”. Tesis Doctoral. Universidad de Valencia. 1990

BURJAHCS, F. : “Palinología y restitución paleoecológica”. Revista Ecosistemas, 15 (1), pp. 7-16.2006

GRAU, E.: “El uso de la madera en yacimientos valencianos de la Edad del Bronce a la Época Visigoda. Datos etnobotánicos y reconstrucción ecológica según la Antracología”. Tesis doctoral. Universidad de Valencia.1990

PEARSALL, D.: “Paleoethnobotany: a handbook of procedures”. 2nd.Ed. (2000) Academic Press. San Diego.1989

Redactor: Inés Pérez Guzmán

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